E-mailméame :)

lachicadelpanueloazul@hotmail.es
Mostrando entradas con la etiqueta lahistoriajamáscontada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lahistoriajamáscontada. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de septiembre de 2009

Tormenta de Humo y Temperamento


El destierro eterno se notaba en las nubes que flotaban como gigantes hambrientos de venganza y rabia.

Los truenos anunciaban que Dios estaba ardiendo en deseos de reprimenda llamativa y terror para todos los habitantes del suyo tesoro que tanto quería, pero al que le tendría que dar un poco de mano dura para que no se torciera hasta llegar a tal punto de chocarse contra la luna del descontrol y el descarrile general.

Eva ya se había vuelto una rebelde sin causa ni perdón, su desarreglo social no podía ir a más. Ya vestía chupa de cuero y vaqueros roídos por los mismos ratones que vivían en el portal de Belén (a quienes tampoco les haría de más un escarmiento), llevaba un pañuelo pirata atado en la cabeza y grandes gafas que oscurecían su rostro y tapaban sus ojos rojos pintados de un negro intenso y corrido por las horas de desfase y juergas desmedidas.

Pero a ella le daba igual. Dios siempre le había teñido los días de rosas sacadas de los mejores jardines, tapado sus locuras con un poco de azahar y decorado sus palabrotas con perlas untadas en estrellas. A parte de esto, y aunque ella no lo supiera, también había hablado con el pobre hombre que llenaba sus horas de llantos y soledad en un rincón del paraíso.

Llegó el día en que las nubes se pusieron negras como el carbón y la presión en el planeta Tierra se elevó. A todos los habitantes les pitaban los oídos y tenían un cosquilleo en todo el cuerpo producido por un ligero adormecimiento de su sensibilidad, sobre todo en las puntas de los dedos. Pero oían algo, algo muy alto. Era el Rock en estado puro, saliendo de los jugosos labios de Eva y recorriendo el bajo de una larga y melosa serpiente que osaba elevarse por las largas y suaves piernas de Eva de vez en cuando, hasta cierta altura para que a Eva se le enrojecieran los mofletes y aullaran sus pulmones de placer. No era el sabor de una manzana. Eva no era Blancanieves.

martes, 1 de septiembre de 2009

Ddessarrollo

Pero, claro, no existe nada perfecto. Las bellas hojas de los árboles se caen, los moratones se vuelven del color de la piel, los pétalos vuelan con el fresco aire de la mañana y para cuando despiertas, el campo tiene otro color y ya no ves pintas rojizas entre los trigales. Estás solo, rodeado de un campo sin vida y color oro seco.

Ella también fue marchitándose a sí misma, al principio sin darse cuenta fue con la gente menos conveniente, después, con el tiempo, supo realmente que no seguía a nadie, que era un alma libre. Ese alma necesitaba de alcohol para sobrevivir.
Ahí no se quedaba la cosa: comía, comía y comía. No importaba si era pecado o no. Después de todo, ¿Qué importaba? Si todo lo bueno era pecado, ella no se privaría de vivir en placentera plenitud.
Y aunque la avisara y le informara de que Él no se andaría con tonterías, le ignoraba. Salía de la cama cada noche, sin preocuparse por quién se quedaba solo cuando ella se retiraba al retrete. Salía tambaleándose por la puerta y se dirigía a cualquier lugar, apartado del sol, a cualquier lugar donde se encontrase su animal preferido.

Vivió en una nube de respetable inocencia hasta cierto tiempo y cuando pasó ese tiempo en el que la inocencia se pierde, Él no dudó en tomar medidas.

lunes, 17 de agosto de 2009

Creación



De hojas de marfil, puños de nata, pétalos de amapolas y cantos de cigarras, llegó ella empapada de una costilla y repetidamente hermosa. Suave perfil de bambú y ojos de aceite de oliva.

¡Vaya locura tras siete días!

Locura de belleza y derrame de suavidad que desprendía la niñita de tierno color café, Eva.

Sus caderas formaban cataratas de cera derretida olor vainilla, resbaladizos poros de vainilla al aire libre, y ella, tapada con una hoja que olía a hierba fresca.

Su pelo era color arena mojada a orillas del mar y ondeaba como las mismas olas, se dejaba llevar por las gotitas de viento que desprendía su sonrisa pendiente de perlas de cal y arena.

Tenía manos cuales ramitas de olivo, finas, delicadas y olor aceituna.

Abrió los ojos y saltaron chispas de sus pestañas, el sol dejó que un rayo se deslizase por la superficie de sus ojitos marrones, que se resbalase por sus lágrimas e hiciera que brillasen al son de cada anochecer.


Tenía humor en cada uña y pelo, en cada diente y en cada mirada, sonrisas y caras estrañas, burlas y carcajadas hacían de ella maravilloros remolinos de sonrisas y abrazos.


Le tomó de la mano y le enseño uno a uno los rincones que compartirían juntos, las historias que les rodearían, a quienes crearían juntos y el césped que acunaría a estos. Le mostró su piel transparente para que pudiera ver cómo se aceleraba su corazón cada vez que aparecían esos preciosos hoyuelos en su cara.

Y su cuerpo, vivo, caliente y en plena acción, agitación y entusiasmo de tenerla tan cerca, de sentir cómo su piel interactuaba con sus labios, cómo eran dos piezas que encajaban perfectamente.


Él jamás había creado algo tan perfecto como ella.