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lunes, 27 de septiembre de 2010

Quizás mejor un Hola y Adios.








A veces me gustaría saber de ti.
Verte por la calle y poder preguntarte qué tal te trata la vida.
Sé que habría días en los que me deprimiría lo bien que te va, a pesar de que aquel día, el día de nuestra despedida, te dijera que te fuera bonito. No porque aquel día lo dijese falsamente. ¡Qué va! Lo decía de corazón. Pero después de todo lo ocurrido, no estoy segura de si te mereces que la vida te trate tan bien como lo hice yo. ¡Porque ostias! Me dolió, me dolió mucho, me jodió y me destrozó a partes iguales.
Ese día me jodería gordamente que sin contribuir a la sociedad (cacho de mierda de niñato egocéntrico), por suerte, fueras feliz.

Pero por otra parte, habría días en los que me sentiría orgullosa de que todo acabase como ha acabado. De que la persona que dio todo por ti, la persona que se dio a si misma (y esto no lo puede decir todo el mundo), sufriese lo que le hiciste sufrir. Sí. Que yo sufriese por ti.
Porque de esa forma he conseguido crecer y ver lo bueno que tiene lo malo. ¿Lioso? Cuando una puerta se cierra, otra se abrirá, y si no, tiempo al tiempo.
Así que, en resumidas cuentas, me has servido para apreciar muchas otras cosas, hacerme fuerte, valorarme, quererme yo solita y sonreír como antes lo hacía, que ya echaba en falta mi sonrisa natural, la mía, mi sonrisa.
Puede que me cueste una pasada admitirlo, y es cierto. Porque pienso que quizás te enorgullezcas de haberme hecho daño, pues al fin y al cabo no eres más que un niño inmaduro que tiene miedo a salir de su burbuja, y al que le da vergüenza admitir que es cierto, que en realidad está cagado por salir al mundo real. Pero ya me callo.

Porque habría días que me gustaría que me vieses por la calle y me preguntases qué tal me trata la vida.
Y esos días me crecería. ¡Claro que si, coño! Me gustaría mucho más de lo que ya me gusto.
Te contaría que he vuelto a sonreír, que he recuperado esa sonrisa que a ti te enamoró. Te contaría que sigo siendo la misma, que hay alguien a quién hago feliz. Te contaría que hay alguien para quién soy como un rayo de sol en la tormenta. Pero que esta vez hay una diferencia; esta vez también me hago feliz al mismo tiempo. Porque me vuelvo a ver guapa y bonita, como antes. Y no solo en el espejo, sino también en el silencio, dentro de mí. Te contaría que me has perdido para siempre y que no hay mayor pecado que el de desaprovechar que te hagan feliz.



Días como hoy.
Hoy me gustaría cruzarme contigo por la calle.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Tan bonito, tú.





Como sentirte derritiéndome con la mirada.
Estás tan loco que me enloqueces.
Y a veces deseo que me abraces.
Pero no puedes.
Estamos atados a nosotros mismos,
y a un mismo punto que nos aleja.

Esa mirada que tienes de niño pequeño,
esos ojitos tuyos.
Cuando hablas, hay veces que ni siquiera puedo escucharte.
Me gusta prestar más atención a lo guapo que eres.
A pesar de que no pueda decirlo.
A pesar de que sea inútil todo esto.
Y estamos tan lejos.


Pero, a veces, deseo que me abraces.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Quiero ser esa locura que habita muy dentro de ti

lunes, 13 de septiembre de 2010


Hay veces en las que, simplemente, no se tiene nada que decir.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Te quiero tanto...

September.7.


Porque me has enseñado mucho. En su mayoría, poco recomendable, pero es lo que mejor se te da al fin y al cabo. Y al final, nos quedarán los recuerdos de todo esto, lo de ahora, cuando somos jóvenes y podemos vivir en todo el sentido de la palabra. Me has enseñado cómo se disfruta. Incluso me has enseñado que no debo llorar, que aún no me debo enamorar, que hay mucho que disfrutar si uno no se ata; que hay que aprovechar cada momento.
Y mucho más. Mucho más que nadie sabe, ni siquiera tú, quizás. Cosas que no tienen palabras, no tienen explicación, pero sin las que, hoy, no sería la persona que soy. Sé que no sería la misma sin ti y a pesar de lo que digan muchos y muchas, yo no cambiaría tu forma de ser por nada del mundo, porque eres natural; te da igual quién esté delante, que no cambiarás tu forma de ser. Así al menos, no eres hipócrita. Puede que sí chulo, a veces incluso arrogante, insensible con ciertas personas (¬¬), descarado, bruto, becerro...
Pero eres una buena persona.
La persona a la que más llegaré a querer en toda mi vida.
Porque eres mi único hermano.

Y te quiero mucho.
Para siempre.

Adrián.




http://www.youtube.com/watch?v=bN4mPo_LPdI

lunes, 6 de septiembre de 2010

La amaría para siempre.






Se despertó pronto, la humedad se colgaba en los cristales de la ventana, y ella aún dormía.
Le acarició suávemente la mejilla morena.
Ella sujetó fuerte su mano.

-No te vayas.
-Solo iba hasta...
-¿Sabes? me gustaría guardar en un frasquito de lentejas tu tacto y espolvorear siempre un poquito sobre mis bizcochos de chocolate, para que se reparta cada mañana por mi interior y jamás tenga que echarte de menos cuando te vayas por las mañanas.
-¿Quieres que me quede hoy a desayunar contigo?
-Me gustaría que te quedases siempre.
-¡¿Siempre?!
-Es más, me gustaría que no tuvieses que venir, me gustaría que nunca más te vovieras a ir.




Se despertó pronto, la humedad se colgaba en los cristales de la ventana, y ella aún dormía.
Le acarició suávemente la mejilla morena.
Se abrazó a ella y volvió a caer en profundo sueño.

Esa mañana, no saldría corriendo.
Esa mañana la amaría para siempre.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Huyendo como una cobarde





Fuiste una jodida puta.

Indagaste en su pecho para llevarte su alma contigo y meterla en tu riñonera de las almas enamoradas. Supongo que lo hacías así con todos, ya que tú jamás podrías amar, al menos llevarte el amor de otros contigo. Nunca abrirías tu corazón a nadie -para eso tenías la entrepierna-. No sabías lo que era la dulzura del amor, y tampoco lo querrías probar con esa mente de niña.

Y esa noche... maldita esa noche en la que te conoció. Con tu Malboro entre los labios y la desvergüenza entre las piernas. Fumando a caladas largas y expirando aros. En el bolsillo trasero del pantalón guardabas los condones, veinte pavos en el sujetador de lunares negros; nunca llevabas bolso, para no dejártelo en ninguna habitación ajena. Esa noche te pintaste las pestañas, y los labios de rojo. Te sentaste en el taburete sin cruzar las piernas.
Y ahí se perdió.
Locura de alcantarilla que acabó rodando entre las sábanas de una pensión.

Y a la mañana siguiente desapareciste por la puerta trasera. ¿Te pensabas que estabas en una película? No, bonita.
Y aún te busca.

Y tú aún sigues siendo una adolescente con arrugas en los recuerdos infames, huyendo del amor por ser una cobarde.