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miércoles, 29 de diciembre de 2010




Fuimos como dos cuerpos de alquiler.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Silvia

·Hold my hand, by MichaelJackson·


Quizás podría prescindir de todo; de todo aquello superfluo, de lo que ves por televisión, de las modas, del agua, de aquellos a los que tanto di y que tanto me dieron, de todo lo aprendido, las caricias aquellas y estas, el sabor, todas las tormentas, las sequías, de mí misma, quizás.



Pero no de ti.



Sonará exagerado. Pero todo eso es cierto. Es cierto que te quiero, que te quiero tanto que no soy capaz de explicarlo, que las palabras quieren salir todas a la vez de mi boca, y se atascan en mi garganta, me ahogan y solo suspiro. Me resigno a explicar todo lo que significas para mí.

Y es que no solo lo eres todo en mi vida, mi todo; lo eres para tantas personas... eres ese granito de azúcar -que ya aquí antes he nombrado- para tantas personas, esa chispa de dulzura en un momento puntual, que mancha sin querer con sonrisas todo un recuerdo, toda una vida. La mía.



La mía que es la tuya, pues has vivido conmigo y yo he vivido contigo, más que con cualquier otra persona.

Callejuelas empedradas, globos de agua, otoños marrones, olivas y uvas, abrazos olvidados, cromos, chozas, tardes de sol y de tanto viento, como ninguna y como muchas, riñas y des-riñas, combas, hemos vivido escondites, escaleras y risas, golosinas y personas. Tanto. Tanto de ti y tanto de mí. Pegadas la una a la otra; uña y carne, y muchas veces, como una única carne ambas.
Y por todo esto, incluso sin todo esto, he de quererte y agradecerte que seas parte de mi, o que sea yo parte de ti. Que seamos una misma parte las dos.
Para siempre.








Porque cada noche rezo por ti.
Y porque siempre esté a tu lado.

Te quiero. Tanto, tanto, tanto, tanto, tanto.





[Not a simple for ever.
A really.]

jueves, 9 de diciembre de 2010

Amargo·Amarga

-Clavado en un bar, Maná-


El humo inunda cada espacio del tugurio y en mis labios baila como una gitana de magia negra, cabellos rebeldes, movimientos suaves y de caderas volubles.

El café, amargo. Amarga mi alma. Y tu número en la cabina telefónica de un rincón del angosto bar.

Recuerdo aquella noche. Era febrero, quizás. Quizás mayo. Seguro no era noviembre, este noviembre que me quema la piel y la vida.
Tan caliente tú, siempre tan caliente. Y yo tan cachondo...
Me mordías la piel y yo tu alma. Engañaste a mi apetito durante tres días y sus tres noches con tu aroma. Hasta que, moribundo y hambriento, como un perro callejero, me perdí de aquella cama para no saber nunca regresar.

Y hoy, estoy aquí. Sé que no me recordarás, nadie lo hará. Seguro moriré a tres o cuatro pasos de aquí sin que nadie llore.

Pero solo por ti, solo por ti yo lo haré, en esta servilleta sucia y amarga de café, sucia de mi.


Se consume un cigarro en el cenicero.
Se consume mi vida, en un cenicero.

jueves, 25 de noviembre de 2010


www.youtube.Aproximación.com


Que con todo, no llego a decir nada.
Nada de la felicidad.

nada del sentido de la vida.
nada de las sonrisas.
nada de las caricias.
nada de los licores.
nada de las ligas.
nada de los amaneceres.
nada de el azúcar.
nada del silencio.
nada de vuestros comentarios, bloggers.
nada de las fotos en blanco y negro.
nada de los olores a barrica.
nada de el jugo de mandarina.
nada de los pitillos capados.
nada de los postes cableados llenos de bandadas de pájaros.
nada de las creppes con nutella derretida.
nada del que se fue.
nada de los otoños.
nada de las pastitas en el café.
nada de los besos.
nada de él
nada de ella
nada de ellos
nada de vosotros
nada de lo que os quiero
nada de lo que tengo que agradeceros
nada de vuestros esfuerzos por hacerme feliz

Nada de mí.


Y esto es solo una aproximacion.
Gracias.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Tienes razón, yo jamás podré hacerte feliz.





Llamaron al timbre. Bellanie se sobresaltó. Su compañía también se despertó.

-¿Vas a abrir o me das un ratito más de placer?-susurró guiñando un ojo.

Carraspeó, se apartó el pelo de la cara -Tengo que abrir- contestó algo aturdida. No recordaba del todo la noche anterior.
Fue hacia la puerta atándose la bata, con el rimel algo corrido y descalza.
Y, ¿a que no adivináis a quién se encontró nuestra querida Bella en la puerta con su sonrisa picarona y una botella de champán?

Exacto.

-Me encanta esa bata, pero mucho más cuando no la llevas puesta- dijo Churt con su grave y atractiva voz de actor de Hollywood
-¡¿Churt?! ¿Qué haces tú aquí?
-Vengo a revisar la caldera...-entró, dejó la botella en la cómoda y se comenzó a quitar la americana.
-Churt, vete.- dijo Bella con un hilo de voz.
-¿Qué?
-Tienes que irte, aquí no hay nada para ti.

En ese preciso momento, en el momento idóneo (nótese la ironía), salió el misterioso camarero, el compañero de colchón de Bellanie, de la habitación... y sí, en calzoncillos.
Churt se quedó paralizado. Se le comenzaron a enrojecer los ojos y apretó fuerte los puños.

-Ya veo que la fulana está esta mañana ocupada. ¡A saber de dónde has sacado a esta chusma, Bellanie! ¿De Brooklyn? Dúchate antes de volver a llamarme, perra.
-No tienes ningún derecho. Sal de aquí. ¡YA!
-Tienes razón, que folles con cualquier pardillo que te hayas encontrado no es asunto mío.
-Vete. Ya.- dejó escapar en un pequeño susurro
-Tranquila, no volverás a verme.
-Churt, sabes que no tienes derecho, después de todo, ¿qué te mereces? ¿quieres que te espere después de semanas enteras sin verte, emborrachándote en Europa con rubias estúpidas y de coño con precio y etiqueta? ¡Churt! Yo también tengo una vida, ¡quiero ser feliz!

Cual perro dolido y destrozado, nuestro animalito de caza femenina metió el rabo entre las piernas. Cogió su americana y se dirigió a la puerta, dejando el champán en la cómoda.

-Tienes razón, Bellanie, yo jamás podré hacerte feliz.

Y cerró la puerta tras de si.

martes, 9 de noviembre de 2010

Gracias...

Laura Villaro, Laura Greca, Sonia, Esther, Cristina, Iveta, Cecilia, Ana, Silvia,
Samuel, Esteban, Rodolfo, Alfredo, Pedro, David Blanco, David Villanueva, Sergio Peciña, Sergio Orbea, Pablo, Alberto, Daniel, Luis, Pancho, Miguel...
Alberto, Rosa, Teresa, Virginia, Fidel H., Chus, Juan, Fidel, Andrés, Laura...








Es increíble como la gente entra y sale de tu vida tan rápido. Como compartes tanto en tan poco y luego se van.

Pero siempre queda algo, siempre quedará todo lo compartido, los restos que dejan en ti, como gotitas de tinta en tu alma. Sus pequeños pasitos manchados de barro por tu interior.
Porque todo el mundo deja huella en nosotros, aunque sea diminuta.

Pero hay quienes dejan tal mancha que se te escapa un poquito por los ojos cada vez que recuerdas, a pequeñas gotitas saladas:

Por todo vuestro esfuerzo, por todas vuestras esperanzas, GRACIAS.
Gracias, porque es por vosotros, que hoy esté tan feliz, que me sienta cómoda allá donde vaya, que sonría poquito a poquito cada día, y es que me habéis enseñado las cosas bellas de la vida, los problemas con solución y las soluciones propicias. El saber entender, criticar y valorarme a mí misma y a quienes me rodean.

Hace años no hubiese dicho esto; me hubiese quejado, quizás hubiese blasfemado un poquito incluso. De hecho, es lo que harán esos enanos que revolotean por ahí todavía.
Pero ya lo agradecerán, al final siempre se agradece y se ve el cariño que ponéis en nosotros, el esfuerzo y sobre todo, la confianza.


De una forma u otra, quiero que sepáis, que siempre tendré un cachito de cada uno de vosotros en mí.


Gracias.

domingo, 7 de noviembre de 2010

:)



¿Morir?
Morir si no es en tus brazos no es nada. Quizás sea una doble muerte. Morir sin ti es morir sola, desamparada y entre lágrimas.
Pues tú lo eres todo; mi comienzo y final.
Te busco entre la niebla, busco tu sonrisa de acuarela, tus labios finos y delicados. Busco que me abraces lento y suave, lento y fuerte al mismo tiempo. Con un suspiro en los labios que sepa a ti.

No hay nada en este mundo que no seas tú y todo el mundo está cegado, eres la luz que ilumina los días, las hojas de otoño lloviendo sobre el asfalto, la brisa entre la arena, una nota en París.
Y eres mi alma. Mi corazón.
Soy tuya y tú eres mío. El destino así lo ha decidido y como tontos hemos caído en su juego, en su dulce y perfecto juego. El juego que me encanta, sin el que no podría vivir.
Volvería a la muerte entre lágrimas.

Y a pensar en tí. Como siempre.
Te quiero.

sábado, 30 de octubre de 2010

Diario de una idiota XIV







Te echo de menos.

Hablar de ti, sin referirme a todo esto, a todas las cartas que no te envío, que guardo aquí para siempre, como si fuese una cajita de porcelana que llevaré siempre conmigo, atada a mí.

Soy tonta. Sí.
Pues después de todo lo que he vivido, de todo lo que estoy viviendo y de todo lo que viviré, no sé como sigues inundando mi mente con tu pelo moreno y tus ojos de negro carbón. Tallando en mí tu nombre cada vez que apareces, queriendo quedarte conmigo, queriendo robarme mi alma y llevártela contigo.
Pero aún no comprendo el por qué.
¿Por qué? te pregunto...

Supongo que si fuese capaz de enviarte todas estas cartas, sería posible saber todas las respuestas a todas las preguntas.
Pero no tengo valor. ¡Que ya lo sé!
Sé que soy cobarde y estúpida, pues a pesar de todo.. quizás valga más que tú, que esté perdiendo mi valioso tiempo en estas cartas, en una estupidez, que quizás merezca yo más la pena que tú. Tú, que olvidaste y de hecho, no sé ni siquiera si lo viviste, si lo viviste como yo.

Pero sigo siendo una idiota aquí, en el blog.
Sí bloggers, queridos míos, sigo siendo esa idiota y no puedo evitarlo. Lo siento.
Gracias por vuestra atención.




Nuevos blogs descubiertos:
http://sisinewstyle.blogspot.com/
http://a-rtista.blogspot.com/

El ego de Mario.






Sonia tenía todas las palabras que quería decirle, estancadas en la lengua, como si se hubiesen agarrado a ella con alambre de espino y costase arrancarlas.

Mario le miraba a los ojos, con ese estúpido ego grabado en la mirada.

-¡Eres un idiota, egocéntrico y engreido niñato!

-Puede, no lo niego bonita, -dijo con voz, hasta lo empalagoso de dulce- pero sé que mueres por mi huesos. No te culpo por ello, es normal.

-¡Tú sí que no eres normal! A ver si lo entiendes, que te odio, que me das asco. Esa chulería tuya... no irás muy lejos con ella, pero allá tú.

-Ire hasta donde a mí me de la gana. Yo no tengo límites con este cuerpazo y esta carita, nena, a ver is lo entiendes.

-Creo que no merece la pena hablar contigo, Mario.

-Pues bésame.

-Ni lo sueñes.

-No pienso rogártelo, y tú te lo perderás...


Sonia fue directa a pegarle un bofetazo, pero tropezó y calló justo en sus brazos, en bandeja, atontada y confusa.

-Si es que no puedes resistirte.


Y besó los labios de una tonta, liada y enamorada Sonia, que solo quería quererle y amarle, vivir el resto de sus días con él, con el hombre más repugnante, más odiable y detestable que existía sobre la faz de la tierra.

lunes, 25 de octubre de 2010

Todo, contigo todo.

Que quiero de ti todo.
Obvio.

Algo tan dulce como un azucarillo, como una gotita de saliva en la nuca.
Y decir suave que te quiero, sin muchos adornos. Ocho letras y un punto final.
Pues después de ti no hay nada más. Es un punto final.

Contigo empiezo y contigo acabo.
Soy tu punto final.








Un IMPRESIONANTE concierto de Pereza.
Genial, alucinante, irrepetible, con ganas de más... Todotodotodo :)

martes, 19 de octubre de 2010

Autumn (L)





De una forma u otra salió por la puerta.

Meryl se quedó ahí, con las pecas cayéndole a chorros por las mejillas, el pelo enredado, el vestido azul turquesa arrugado entre los pliegues el viejo sofá de cuero, acariciándose las medias hasta la rodilla de lana salmón y la mirada perdida en las cortinas cerradas.
Los pasos calque se alejaban rítmicamente de escalón en escalón, y en cada descansillo se oía una leve pausa, como si se pensase en dar la vuelta y retirar todo aquello ya dicho y pedir perdón. Pero después de ese breve silencio, siguió cayendo por las escaleras hasta que se apagaron los pasos, el ruido, el ritmo, la palpitación... el pulso del corazón de Meryl.

Se levantó del sofá y fue derecha a la nevera. Sacó mortadela, pan bimbo y mantequilla y comenzó a hacer sandwiches. Amontonó muchísimos en una fuente y los tapó con un paño húmedo.
Sabía que volvería hambrienta y preparada para comérsela a mordisquitos en el ombligo, como a Meryl le gustaba.

Fue a la habitación, se desnudó y comenzó a encender las velas blancas, que las rojas no le gustaban nada y se quejaría cuando las viese, y claro, las soplaría y ¡Ala! a follar sin luz. ¡Pues no!
Meryl podía ser de todo menos quisquillosa, pero te aseguro que si se apagaban las velas; no había sexo.
Si se encendía la luz; no había sexo.
Si se cerraba la puerta; no había sexo.
Si no goteaba el grifo de la cocina; no había sexo...
Porque de las poquitas manías de Meryl, el 97% eran sobre sexo. No le gustaba la luz de la lámpara porque se veía demasiado, pero en oscuridad no veía nada, le encantaba que retumbasen los gemidos de ambas en todas las paredes de la casa y que su amor se proclamara más allá de la habitación, que colmase su pisito entero, y le molaba muchísimo oír el golpear de las gotitas dulces en el fregadero cuando se abrazaba a ella y descargaban todo aquel sudor en la almohada, exhaustas.

Pero no volvió, ni siquiera con aquel olor a mortadela.
Así que Meryl, triste, más que eso, tristona, amargada y agotada, volvió a enfundarse en su vestido y sus medias hasta la rodilla.
Para terminar de encharcar toda aquella pena.







Feliz Otoño Boggers, os deseo que disfrutéis
tanto como yo, de mi estación preferida del año.
Que aprovechen las castañas.
¡Mua!

lunes, 4 de octubre de 2010

Solo tú y yo.


www.youtube.Incomplete-lullaby.com



El sol tostaba mi cadera bajo la fina tira del biquini. La brisa del mar ondeaba mi pelo sobre tu pecho y la sombra de la palmera se deslizaba sobre tu cara y tu pelo. Tenías los ojos cerrados y una media sonrisa dibujada como una acuarela; fresca, suave y linda, entre tus mejillas sonrojadas (tu piel clara siempre se quemaba en verano). Sabía que estabas feliz. No solo por la sonrisa. Tu dedo pulgar cosquileaba un círculo en mi hombro, suavemente, tanto, que bien podría haber sido el viento. Pero no, eran tus manos de nieve, relajadas, sin tensiones y felices.

-Qué guapo estás.

Abriste los ojitos verdes muy despacio y me miraste fijamente.

-¿Tú crees?

Asentí.
Volví a apoyar la cabeza sobre tu pecho calentito, oyendo cada uno de los latidos que aún sé que me dedicabas, uno a uno, y los iba guardando en mi cajita de los recuerdos, muy despacito, para que no echasen a correr al mar como solía suceder en esto del amor.

-Tú lo eres, princesa.

Abrí rápidamente los ojos y me incorporé como un rayo.
Me paralizó tu cara. Tu cara tan bonita, tus labios finos como el trazo de una pluma. Tenías cerrados los ojos, pero conocía perféctamente qué mirada había bajo aquellos párpados; la tenía registrada, y con solo verla en mi mente, me enamoró un poquito más.

-Me gustaría parar el tiempo y disfrutarlo solo tú y yo.

Digiste en un susurro, casi para ti mismo.


Solo me quedó regalarte un beso.
Y toda mi vida entera, toda la eternidad, toda ella.
Toda de mí.

viernes, 1 de octubre de 2010

Tu verde mirada.





Tienes una mirada tan bonita.

Esos ojitos verdes de niño.
Una mirada picarona, infaltil, juguetona.
Hiela y quema al mismo tiempo.
Como una sombra de nieve que se posa en mí.
Lenta y suavemente

La mirada por la que dejo todo.
Tu mirada.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Quizás mejor un Hola y Adios.








A veces me gustaría saber de ti.
Verte por la calle y poder preguntarte qué tal te trata la vida.
Sé que habría días en los que me deprimiría lo bien que te va, a pesar de que aquel día, el día de nuestra despedida, te dijera que te fuera bonito. No porque aquel día lo dijese falsamente. ¡Qué va! Lo decía de corazón. Pero después de todo lo ocurrido, no estoy segura de si te mereces que la vida te trate tan bien como lo hice yo. ¡Porque ostias! Me dolió, me dolió mucho, me jodió y me destrozó a partes iguales.
Ese día me jodería gordamente que sin contribuir a la sociedad (cacho de mierda de niñato egocéntrico), por suerte, fueras feliz.

Pero por otra parte, habría días en los que me sentiría orgullosa de que todo acabase como ha acabado. De que la persona que dio todo por ti, la persona que se dio a si misma (y esto no lo puede decir todo el mundo), sufriese lo que le hiciste sufrir. Sí. Que yo sufriese por ti.
Porque de esa forma he conseguido crecer y ver lo bueno que tiene lo malo. ¿Lioso? Cuando una puerta se cierra, otra se abrirá, y si no, tiempo al tiempo.
Así que, en resumidas cuentas, me has servido para apreciar muchas otras cosas, hacerme fuerte, valorarme, quererme yo solita y sonreír como antes lo hacía, que ya echaba en falta mi sonrisa natural, la mía, mi sonrisa.
Puede que me cueste una pasada admitirlo, y es cierto. Porque pienso que quizás te enorgullezcas de haberme hecho daño, pues al fin y al cabo no eres más que un niño inmaduro que tiene miedo a salir de su burbuja, y al que le da vergüenza admitir que es cierto, que en realidad está cagado por salir al mundo real. Pero ya me callo.

Porque habría días que me gustaría que me vieses por la calle y me preguntases qué tal me trata la vida.
Y esos días me crecería. ¡Claro que si, coño! Me gustaría mucho más de lo que ya me gusto.
Te contaría que he vuelto a sonreír, que he recuperado esa sonrisa que a ti te enamoró. Te contaría que sigo siendo la misma, que hay alguien a quién hago feliz. Te contaría que hay alguien para quién soy como un rayo de sol en la tormenta. Pero que esta vez hay una diferencia; esta vez también me hago feliz al mismo tiempo. Porque me vuelvo a ver guapa y bonita, como antes. Y no solo en el espejo, sino también en el silencio, dentro de mí. Te contaría que me has perdido para siempre y que no hay mayor pecado que el de desaprovechar que te hagan feliz.



Días como hoy.
Hoy me gustaría cruzarme contigo por la calle.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Tan bonito, tú.





Como sentirte derritiéndome con la mirada.
Estás tan loco que me enloqueces.
Y a veces deseo que me abraces.
Pero no puedes.
Estamos atados a nosotros mismos,
y a un mismo punto que nos aleja.

Esa mirada que tienes de niño pequeño,
esos ojitos tuyos.
Cuando hablas, hay veces que ni siquiera puedo escucharte.
Me gusta prestar más atención a lo guapo que eres.
A pesar de que no pueda decirlo.
A pesar de que sea inútil todo esto.
Y estamos tan lejos.


Pero, a veces, deseo que me abraces.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Quiero ser esa locura que habita muy dentro de ti

lunes, 13 de septiembre de 2010


Hay veces en las que, simplemente, no se tiene nada que decir.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Te quiero tanto...

September.7.


Porque me has enseñado mucho. En su mayoría, poco recomendable, pero es lo que mejor se te da al fin y al cabo. Y al final, nos quedarán los recuerdos de todo esto, lo de ahora, cuando somos jóvenes y podemos vivir en todo el sentido de la palabra. Me has enseñado cómo se disfruta. Incluso me has enseñado que no debo llorar, que aún no me debo enamorar, que hay mucho que disfrutar si uno no se ata; que hay que aprovechar cada momento.
Y mucho más. Mucho más que nadie sabe, ni siquiera tú, quizás. Cosas que no tienen palabras, no tienen explicación, pero sin las que, hoy, no sería la persona que soy. Sé que no sería la misma sin ti y a pesar de lo que digan muchos y muchas, yo no cambiaría tu forma de ser por nada del mundo, porque eres natural; te da igual quién esté delante, que no cambiarás tu forma de ser. Así al menos, no eres hipócrita. Puede que sí chulo, a veces incluso arrogante, insensible con ciertas personas (¬¬), descarado, bruto, becerro...
Pero eres una buena persona.
La persona a la que más llegaré a querer en toda mi vida.
Porque eres mi único hermano.

Y te quiero mucho.
Para siempre.

Adrián.




http://www.youtube.com/watch?v=bN4mPo_LPdI

lunes, 6 de septiembre de 2010

La amaría para siempre.






Se despertó pronto, la humedad se colgaba en los cristales de la ventana, y ella aún dormía.
Le acarició suávemente la mejilla morena.
Ella sujetó fuerte su mano.

-No te vayas.
-Solo iba hasta...
-¿Sabes? me gustaría guardar en un frasquito de lentejas tu tacto y espolvorear siempre un poquito sobre mis bizcochos de chocolate, para que se reparta cada mañana por mi interior y jamás tenga que echarte de menos cuando te vayas por las mañanas.
-¿Quieres que me quede hoy a desayunar contigo?
-Me gustaría que te quedases siempre.
-¡¿Siempre?!
-Es más, me gustaría que no tuvieses que venir, me gustaría que nunca más te vovieras a ir.




Se despertó pronto, la humedad se colgaba en los cristales de la ventana, y ella aún dormía.
Le acarició suávemente la mejilla morena.
Se abrazó a ella y volvió a caer en profundo sueño.

Esa mañana, no saldría corriendo.
Esa mañana la amaría para siempre.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Huyendo como una cobarde





Fuiste una jodida puta.

Indagaste en su pecho para llevarte su alma contigo y meterla en tu riñonera de las almas enamoradas. Supongo que lo hacías así con todos, ya que tú jamás podrías amar, al menos llevarte el amor de otros contigo. Nunca abrirías tu corazón a nadie -para eso tenías la entrepierna-. No sabías lo que era la dulzura del amor, y tampoco lo querrías probar con esa mente de niña.

Y esa noche... maldita esa noche en la que te conoció. Con tu Malboro entre los labios y la desvergüenza entre las piernas. Fumando a caladas largas y expirando aros. En el bolsillo trasero del pantalón guardabas los condones, veinte pavos en el sujetador de lunares negros; nunca llevabas bolso, para no dejártelo en ninguna habitación ajena. Esa noche te pintaste las pestañas, y los labios de rojo. Te sentaste en el taburete sin cruzar las piernas.
Y ahí se perdió.
Locura de alcantarilla que acabó rodando entre las sábanas de una pensión.

Y a la mañana siguiente desapareciste por la puerta trasera. ¿Te pensabas que estabas en una película? No, bonita.
Y aún te busca.

Y tú aún sigues siendo una adolescente con arrugas en los recuerdos infames, huyendo del amor por ser una cobarde.

sábado, 28 de agosto de 2010

Un par de payasos en un circo cruel.

Amanecíamos un Tú y un Yo.
Nunca un nosotros.
No me preguntes por qué, pero nuestras sábanas nunca amanecían abrazadas como en las habitaciones de los amantes normales. Siempre despertábamos al mismo tiempo, y siempre al mismo tiempo, sabíamos que estaríamos solos en este mundo.

Y a pesar de que sí follábamos -y lo hacíamos como auténticos animales- no había amor en aquella habitación, como en el resto de la casa. Follábamos como se hace en un hotel, como se hace un sábado a las 4 de la mañana cargados de heroína hasta las cejas.
Era sexo con pasión, mas nunca con amor.
Cada mañana desayunaba con el dolor pegado a los labios; el dolor de tener alguien tan cerca sabiendo que jamás llegará a amarte, y que tú jamás llegarás a amarle.
Me besabas en la frente como si realmente lo hicieras con ternura, y yo cerraba los ojos, como si pensase que la había.
Eramos un par de payasos en un circo triste, cruel, amargo y silencioso.


Y aún hoy, no me salen las lágrimas por estos ojitos secos.
Hoy solo puedo velar tu tumba, pero jamás sufriré.

Pues jamás te amé.

martes, 17 de agosto de 2010

Es el que solo se siente una vez.

(John Mayer · Free Falling)


Una mañana de Agosto sopla una brisa fresca que me agita el pelo. Una brisa pasajera que arrastra con ella un amor rápido, un amor buscado, como un café antes de fichar. Que viene, se saborea, y se va.

Y pienso en las veces que me ocurrirá esto en la vida.

¿Pero sabes qué?
Que el amor verdadero no lo encuentras en Agosto, ni con una brisa fresca.
El amor verdadero llega sin darte cuenta en pleno Enero, bajo la sombra de una hoguera.

Es un amor que te acaricia los labios. Es un amor que te cala el corazón de pintura roja. Que susurra al oído palabras cursis. Que te canta canciones silenciosas en una guitarra española, de esas que según salen de entre los labios, se pierden en el viento para quedar atrapadas en la memoria de dos, y no volver a ser cantadas. Es un amor que penetra por cada poro de la piel, empapando las venas de cosquilleos y la mente de capullos, para que cada día florezca una flor nueva, con un aroma nuevo que cada día amar. Que se escribe en servilletas de carretera, que serán quemadas en alguna hoguera para que nadie más comparta esas letras de amor. Que se palpa con dos dedos y con el alma haciéndola niña otra vez, haciéndola suave como el satén.

Es un amor, que se hace querer.
Que cada amanecer se adhiere a tu pelo como las gotitas del rocío y te pesa por la mañana, hace que te cueste levantarte de la cama y solo te apetece quedarte ahí acurrucadito entre sus brazos para no moverte nunca más.
Y se evapora con el sol para que, un día más, tengas fuerzas para luchar por él.




El amor verdadero, es el que viene un día sin ser invitado, y se queda para no irse nunca jamás.

lunes, 16 de agosto de 2010

Tú.









Hoy vas a ser esa mujer que nadie nunca quiso.


Serás imperfecta, llena de errores, mujer con torpezas, mujer desarreglada.


Serás la mujer contra la que tu madre te educó, una anti-señorita.





Pero serás una mujer íntegra.


Serás una mujer bella en tu espejo.


Mujer con los tacones en alzas, mujer sonrojada.





Hoy sabrás que tu vida nunca más será un fracaso.


Que nadie puede hacerte daño.














Solo tienes que levantarte de la cama.

jueves, 12 de agosto de 2010

Soy feliz :)




¿Sabes qué?
¡Allá tú, bonito!

Soy feliz, contigo o sin ti. Siempre lo he sido y aunque las circunstancias ahoguen, seguiré sonriendo. Tengo un don o una maldición dentro de mí, que me impulsa como un trampolín a sonreír y que no puedo remediar. Y hoy, precisamente hoy, no me da la gana. Quiero volaaaaaaaaar. ¿Sabes lo que significa eso? Alejarme de ti y tu mala onda.
Hoy vuelvo a ser yo, señores.
Vuelvo a mi antigua vida, la que te entregué y no quisistes para ti; hoy la esparciré cachito a cachito en labios ajenos.
Pienso encontrar las manos más suaves del mundo mundial.
Pienso encontrar el cuello con el mejor perfume del mundo mundial.
Pienso encontrar la lengua más dulce del mundo mundial.

Y nada será gracias a ti. Ni al hueco de tu espalda.

sábado, 7 de agosto de 2010

Se cayeron las estrellas de mi cielo.

Has hurgado en mi pecho y me has arrancado el corazón, llevándote con él todas mis venas.
Como cuando tiras de una flor y arrastras con ella la raíz.
Te has llevado contigo mi alma.
Soy como una bolsa de plástico.
Vacía, volátil e insulsa.


Y te odio, te odio y te odio.
Pero te quiero aún más.




viernes, 6 de agosto de 2010

Diario de una Idiota XIII





Un día, sin darme cuenta, dejé de desearte locamente como siempre.
Pero no te creas, bombón, que aún te pienso.
En ti, en los sueños y lo inimaginable, tu pelo, tus ojos y tu sonrisa. En lo perfecto que apareces de repente entre todo lo demás.
A veces pienso que no debería haber tirado la toalla, a pesar de lo que diga o escriba. Haber luchado por ti y por... por todo, ¿qué quieres que te diga? Pues si incluso aún quiero recordarte como antes, será por algo. Por algo que quiera o no quiera, pero solo Dios sabe si tú echarás de menos los reojos y las sonrisas disimuladas. Y no me vengas con esas de que no te dabas cuenta... que nos conocemos, pequeño. Y tú, como yo, estabas atado a aquel juego. Te hacías de rogar, sí, y si darme cuenta te rogué, también. Pero ten en cuenta de que si es hoy, quien hubiese estado en mal escalón hubieses sido tú, pues hoy me valoro y soy reina de mí, y de quién a mí me apetezca serlo, porque no hay quien me haga arrastrarme.

Hoy jugaríamos con otras cartas.
Y al fin y al cabo, serías feliz. Seguro. Y ambos lo sabemos.
Sabes como yo que te hubiese hecho feliz, que a cualquiera puedo hacerle sentirse feliz. Soy como vaselina entre los dedos, tan fácil, resbaladiza y fina.

Ojala me hubieses querido.
Más por tu bien que por el mío.







Tu siempre deshojada Idiota.

lunes, 26 de julio de 2010








Se miró al espejo una ultima vez.
La mirada de repulsión recorrió las curvas que hondeaban sobre su cuerpo cual calor sobre el asfalto.
Bajó despacito las escaleras, como si tuviese nubes bajo los pies.
En la cocina.
Pensó en hacerlo en su cuarto, pero al fin y al cabo, todo era culpa de su madre. Siempre con las mismas historias de que estás guapísima y de que tienes que terminarte el puto plato delante de mis narices.
Se quedó allí para que sufriera más al verla, como una alfombra de tigre que alguien utiliza de adorno. ¿No era tan preciosa?
Se lo merecía. Ella y su madre. Ella por gorda, su madre por mentirosa.

La sangre cubrió sus brazos al levantar las palmas para manchar lo máximo posible la estancia. También le goteaban las mejillas y, sobre todo, una manta roja comenzaba a deslizarse por debajo de su ombligo gordo, rechoncho y asqueroso.

Y un saco de huesos teñido de rojo se desplomó sobre el suelo. No hizo ruido alguno.
Como el árbol que cae y no hay nadie para escucharlo.

martes, 20 de julio de 2010

Caladas de felicidad




Paseaba por las aceras desnudas.
Los faros de los coches barrían la noche.
Bellanie se imaginaba metida dentro de un videoclip, dentro de las canciones de su iPod y se reía en silencio, dejando que asomasen a su boca las últimas gotitas del perfume de la felicidad.

Al pensar en ella, intentó recordar cuanto hacía que no la sentía; esas ganas de comerse el mundo a carcajadas, de fumarse el mundo entero a caladas largas, de bailar con las sombras a las que todo el mundo temía sin miedo alguno, subirse a unos tacones sin ver altura.
·se miró las manoletinas, sonrió·

Quiso volver a comerse cada noche, así que se metió dentro del primer antro que se le puso en mitad del camino.
Estaba vacío, a excepción de un camarero rubio y amargado que se estiró al verla entrar. Olía a humedad, a tabaco y a madera roída.


-¿Qué va a ser?
-Whisky. No escatime.
-Usted manda, señorita.
-Me hice mujer hace tiempo.
·le sirvió su copa·
-¿Desea algo más la señora?
·colocó un billete de cien encima de la pegajosa barra·
-Unos cuantos como este.
-Prométame que no me va a hacer arrastrar a una belleza tal fuera de mi local.
-Prométame que me tratará con algo más decencia de la que ha sido capaz de hacerlo el mayor amor de mi vida.
·largo silencio·
-No le merece.
-Nadie.
-No pensaba hacer el atrevimiento, pero le quita usted a uno las ganas.
·Bella sonrió, como una larga calada a la repentina felicidad·
-¿Cuánto me darías?
-¿Acaso puede alguien ponerle precio?
-Espero que notase la ironía... no quiero que piense que... claro...

·Alargando su torso por encima de la barra, salpicó un beso a los labios de Bellanie. Esos besos carnosos que se quedan pegados y los saboreas con ansias de más. Esos besos por los que alguien puede, incluso, llegar a olvidar al peor Churt·