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martes, 25 de enero de 2011

Chica madura




-¿Alguna vez has sentido eso?
-¿El qué?
-El amor.
-Nunca.
-Ahora mismo estoy sintiendo un escalofrío. Quizás sea solo este poquito la realidad que envuelvo el tópico.
-No creo...
-¿Por qué?
-Supongo que creerás que él te ama, que jamás te dejará, que ese amor cada día es más grande y que eres especial... bah, ¡sosadas! Y una imbécil como tú que se las cree.
-Ah, bueno, chica madura, dime, ¿en qué sueñas tú cuando te vas a la cama? ¿acaso no ves unos ojos que desean amarte para el resto de los días, aunque solo sea un sueño, una ilusión, que queriéndolo mancha toda la noche de fantasías? ¡Dime! ¿qué haces tú?
-Jajajajaja
-Estoy segura de que lloras porque no tienes esos ojos, que lamentas no vivir, haber muerto en el amor.
-No, querida, yo me pinto las uñas y los labios de rojo, me enfundo la cajetilla en los vaqueros y, entonces, comienzo a vivir.


sábado, 30 de octubre de 2010

El ego de Mario.






Sonia tenía todas las palabras que quería decirle, estancadas en la lengua, como si se hubiesen agarrado a ella con alambre de espino y costase arrancarlas.

Mario le miraba a los ojos, con ese estúpido ego grabado en la mirada.

-¡Eres un idiota, egocéntrico y engreido niñato!

-Puede, no lo niego bonita, -dijo con voz, hasta lo empalagoso de dulce- pero sé que mueres por mi huesos. No te culpo por ello, es normal.

-¡Tú sí que no eres normal! A ver si lo entiendes, que te odio, que me das asco. Esa chulería tuya... no irás muy lejos con ella, pero allá tú.

-Ire hasta donde a mí me de la gana. Yo no tengo límites con este cuerpazo y esta carita, nena, a ver is lo entiendes.

-Creo que no merece la pena hablar contigo, Mario.

-Pues bésame.

-Ni lo sueñes.

-No pienso rogártelo, y tú te lo perderás...


Sonia fue directa a pegarle un bofetazo, pero tropezó y calló justo en sus brazos, en bandeja, atontada y confusa.

-Si es que no puedes resistirte.


Y besó los labios de una tonta, liada y enamorada Sonia, que solo quería quererle y amarle, vivir el resto de sus días con él, con el hombre más repugnante, más odiable y detestable que existía sobre la faz de la tierra.

lunes, 4 de octubre de 2010

Solo tú y yo.


www.youtube.Incomplete-lullaby.com



El sol tostaba mi cadera bajo la fina tira del biquini. La brisa del mar ondeaba mi pelo sobre tu pecho y la sombra de la palmera se deslizaba sobre tu cara y tu pelo. Tenías los ojos cerrados y una media sonrisa dibujada como una acuarela; fresca, suave y linda, entre tus mejillas sonrojadas (tu piel clara siempre se quemaba en verano). Sabía que estabas feliz. No solo por la sonrisa. Tu dedo pulgar cosquileaba un círculo en mi hombro, suavemente, tanto, que bien podría haber sido el viento. Pero no, eran tus manos de nieve, relajadas, sin tensiones y felices.

-Qué guapo estás.

Abriste los ojitos verdes muy despacio y me miraste fijamente.

-¿Tú crees?

Asentí.
Volví a apoyar la cabeza sobre tu pecho calentito, oyendo cada uno de los latidos que aún sé que me dedicabas, uno a uno, y los iba guardando en mi cajita de los recuerdos, muy despacito, para que no echasen a correr al mar como solía suceder en esto del amor.

-Tú lo eres, princesa.

Abrí rápidamente los ojos y me incorporé como un rayo.
Me paralizó tu cara. Tu cara tan bonita, tus labios finos como el trazo de una pluma. Tenías cerrados los ojos, pero conocía perféctamente qué mirada había bajo aquellos párpados; la tenía registrada, y con solo verla en mi mente, me enamoró un poquito más.

-Me gustaría parar el tiempo y disfrutarlo solo tú y yo.

Digiste en un susurro, casi para ti mismo.


Solo me quedó regalarte un beso.
Y toda mi vida entera, toda la eternidad, toda ella.
Toda de mí.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La amaría para siempre.

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martes, 20 de julio de 2010

Caladas de felicidad




Paseaba por las aceras desnudas.
Los faros de los coches barrían la noche.
Bellanie se imaginaba metida dentro de un videoclip, dentro de las canciones de su iPod y se reía en silencio, dejando que asomasen a su boca las últimas gotitas del perfume de la felicidad.

Al pensar en ella, intentó recordar cuanto hacía que no la sentía; esas ganas de comerse el mundo a carcajadas, de fumarse el mundo entero a caladas largas, de bailar con las sombras a las que todo el mundo temía sin miedo alguno, subirse a unos tacones sin ver altura.
·se miró las manoletinas, sonrió·

Quiso volver a comerse cada noche, así que se metió dentro del primer antro que se le puso en mitad del camino.
Estaba vacío, a excepción de un camarero rubio y amargado que se estiró al verla entrar. Olía a humedad, a tabaco y a madera roída.


-¿Qué va a ser?
-Whisky. No escatime.
-Usted manda, señorita.
-Me hice mujer hace tiempo.
·le sirvió su copa·
-¿Desea algo más la señora?
·colocó un billete de cien encima de la pegajosa barra·
-Unos cuantos como este.
-Prométame que no me va a hacer arrastrar a una belleza tal fuera de mi local.
-Prométame que me tratará con algo más decencia de la que ha sido capaz de hacerlo el mayor amor de mi vida.
·largo silencio·
-No le merece.
-Nadie.
-No pensaba hacer el atrevimiento, pero le quita usted a uno las ganas.
·Bella sonrió, como una larga calada a la repentina felicidad·
-¿Cuánto me darías?
-¿Acaso puede alguien ponerle precio?
-Espero que notase la ironía... no quiero que piense que... claro...

·Alargando su torso por encima de la barra, salpicó un beso a los labios de Bellanie. Esos besos carnosos que se quedan pegados y los saboreas con ansias de más. Esos besos por los que alguien puede, incluso, llegar a olvidar al peor Churt·

viernes, 26 de marzo de 2010

Los besos que nos traerá esta Primavera :)




La pequeña flor escupió un primer vistazo y estiró sus pétalos, y yo, que soy una envidiosa compulsiva, me estiré con ella. Llevaba puesta la camisetona laaaaarga, larga y tremenda de anchura, que tiene miles de millones de agujeritos de cada mordisco tuyo, bobotrón.

Solo quería tropezarme y caerme sobre un fresco césped lleno de margaritas y sin bichitos que me ponen nerviosa. Una de esas caídas tras las que no puedes levantarte de la risa. Reírme ahí en el suelo con el diafragma hecho añicos. Coger aire y no volver a tomar una respiración. Que sean tus labios aferrando los míos quienes me suministren todo lo que necesito.

Me senté en un taburete y comencé a sorber el café. Poquito a poquito. Que me mola más.

Emma se subió sigilosa a mis piernas. No me había enterado de que sus ojitos ya habían amanecido con la primera flor de la ansiada Primavera. Su larga cola se insinuó por mis narices, como esas chicas que enseñan la liga pero hasta ahí pueden leer.

Y entonces apareciste tú por la puerta. Solo llevabas el pantalón del pijama, como de costumbre. Tu pelo rubio estaba alborotado. Con la mano arrascabas lo poco de sueño que te quedaba en la nuca.
Te acercaste y con la dulzura con la que acaricia el sol a las curvas del horizonte, me quitaste la última lágrima que aún se mecía tranquila en mis pestañas.

-Te quiero muchísimo, amor. Gracias por quererme.

-Estoy encantado de quererte.



Y mientras que Emma se moría de celos, la leve cortina de la Primavera dejó desvanecer el rayo de sus labios en la manzana de mi boca.









Feliz Primavera, Bloggeadores :)