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lunes, 14 de octubre de 2013

Ardo dentro de una hoguera

Las palabras se cosen a mis labios, se enredan en mi pecho y acaban estallando ahí dentro. Porque no hay otro lugar donde puedan descansar.
Son sombras oscuras que me persiguen por las calles oscuras de Barcelona. Incluso a pleno sol, brilla en mis ojos el fuego de todos los secretos.
Tengo miles de retales, yo los coso cada noche sobre la almohada. Pero a la mañana siguiente, la realidad me salpica la imposibilidad.
Cuán estúpida, como tantas veces, como repetidamente me pasa.

Seguirán siendo secretos, aunque ahora mis dedos corran tan rápidos por el teclado, pero solo piensan en contar lunares, en curar heridas en tus manos, soplar tus brazos y aliviar tus noches oscuras.

Todo eso, me corroe por dentro. Pero mis labios siempre tienen secretos.

http://www.youtube.com/watch?v=xKh7kgPjX7c


lunes, 16 de enero de 2012

16.01.2012

Besó la muerte con los labios del alma, que susurraban lentamente que no.

Entró en la habitación blanca, con los sentidos dormidos y una lágrima cayendo de su ojo, rozando su mejilla para perderse en los pliegues de la bata, junto a un rosario azul turquesa que llevaba en cada bolita un beso de amor puro.
Humo denso en su mente, con el corazón encogido y arrugado, viejo, mientras que su alma joven se aferraba fuerte a la vida y a ella.

Afuera nos nervios corrían sobre blancos caballos bravíos en cada cuerpo.
La impotencia se adueñaba de cada uno. A su manera. Ojos rojos y desesperación. Las esperanzas se mezclaban con el ambiente cargado, olor a desinfectante y batas blancas que vagaban como almas en el purgatorio.

Oh, Darling.

Y en un suspiro, vida y muerte convergieron, dando a luz a una pequeña ilusión de esperanza.
And I’m still waiting for a shiny day.


Y en mi, una tormenta de dolor llovía desde las pestañas.

viernes, 9 de septiembre de 2011



¿Aquello iba de versos?
¿De aquellos versos de Abril que inundaban el alma de dulces rocíos?
¿De aquella pluma desgastada y los dedos llenos de tinta?
¿O acaso iba de besos?

No me lo dejaste claro,
o quizá fui yo la que soñó con palomas volando sobre los acantilados desiertos.
La que volaba con la arena entre los dedos de los pies.
La que imaginaba con los blancos cabellos del cigarrillo trepando entre sus dedos.

Quizá todo esto solo iba de besos
y me confundí con la almohada de Bécquer.

lunes, 28 de marzo de 2011

Y se sonrió a sí misma


Desesperación.

¿Qué hacer cuando nada ni nadie parece ser una buena opción? ¿cuando no hay ganas de llorar, no hay ganas de sonreír? ¿cuando ni siquiera elegir apetece? ¿cuando incluso, puede ser peligroso?



Bellanie estaba tumbada en la cama, con los ojos abiertos, mirando el techo. Se sentía vacía, se sentía rendida, pero ni siquiera aturdida. Era un estado en blanco. Quizás era el limbo de las emociones. Ella, sola, en su habitación, creando nuevos parámetros espirituales. Sola, como quizás se quedaría para siempre, como quizás fuera lo mejor para el resto de personas de este mundo.
Había hecho daño a otros y se había hecho daño a si misma. Era un desperdicio. Pero... ¿de qué servía auto lamentarse? Bah.. no había ganas ni de ponerse a pensar.

Churt había salido con las uñas clavadas en las palmas de las manos de tanta rabia contenida, ella tenía los ojos rojos del diluvio que había sido y los dientes marcados en los labios inferiores, y aquel camarero tan bien dotado, había sido despedido de la actuación dando un beso a Bella en la frente antes de salir por la puerta, con la camisa aún desabrochada y los zapatos en las manos.

Menudo desastre de tía... ¡pero quería ser feliz, joder! ¡de veras que sí! Quizá fuese el único deseo que albergaba, pero era increíblemente fuerte e increíblemente bello.
Sabía que con Churt jamás sería feliz, estaba comprobado, y con solo pensarlo ya estaba desperdiciando su tiempo. Tenía que volver a ver a aquel camarero... tenía que saber su nombre y besarle hasta que se le llenara el corazón de amor, tenía que ser feliz al fin.

Se puso el vestido de lunares marrones escotadísimo, se anudó el pelo en una larga trenza, se polvoreó las mejillas, se pintó los labios, se perfumó y sonrió, se sonrió a sí misma, y comenzó a respirar de nuevo...

martes, 22 de febrero de 2011

Tu flauta travesera




Llega de nuevo el sol, y otra vez vuelvo a ver el vuelo de tu falda junto al estanque, tu pelo abrazando al calor y, con tus ojos verdes menta cerraditos, inspiras para sonreír.

Me dijeron que no eras más que una simple niña que baila y sueña, que se porta mal y de vez en cuando habla suavemente, pero, ¿sabes? o me engañaron, o es que no tenían ni idea de quién estaban hablando pura demagogia.

Porque tu eres algo más; no eres una niña, ni eres una mujer. Ni lo quieres ser, ni nunca lo serás. Estás fuera de todo esto. Tú nunca entras dentro de ninguna regla socialmente establecida, ninguna etiqueta te queda bien, en ningún paquete te hemos de meter, pues eres algo fuera de serie.
La mayor parte del tiempo te lo pasas en silencio, sonriendo y comiendo caramelos de regaliz negro. Algunos dicen que no tienes voz ¿has oído que bobada? Tu voz es tu flauta travesera, y cuando hablas en clave de sol, consigues hacerme enmudecer a mí también.

Creo que algún día acabaré tan loco como dicen que lo estás tú; algún día callaré para comprender de verdad qué es el sonido, el sonido bello de la vida, y quizás consiga sonreír sin que nadie más entienda el por qué.

lunes, 7 de febrero de 2011

alone.




Te echo en falta, Querida:

En las noches de frío. Porque mi alma está empapada de ti. Ahora estoy vacía y sola. Con las sábanas enrolladas en los nudillos y los pies descalzos y congelados. El pelo despeinado las 24 horas, porque no quiero que nadie me vea bonita, le guste, e intente enamorarme. Mucho peor; que lo consiga. Pues quiero amarte, amor mío, aunque tú no me ames a mí. Lo que me quede de vida. Quiero amarte noche y día. Ahogarme en llanto, mas que sea llanto de ti. Ser de ti.
Y que algún día vuelvas a serlo tú de mí.


Fotografía:
Un trabajo para mi clase de fotografía sobre Chema Madoz.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Amargo·Amarga

-Clavado en un bar, Maná-


El humo inunda cada espacio del tugurio y en mis labios baila como una gitana de magia negra, cabellos rebeldes, movimientos suaves y de caderas volubles.

El café, amargo. Amarga mi alma. Y tu número en la cabina telefónica de un rincón del angosto bar.

Recuerdo aquella noche. Era febrero, quizás. Quizás mayo. Seguro no era noviembre, este noviembre que me quema la piel y la vida.
Tan caliente tú, siempre tan caliente. Y yo tan cachondo...
Me mordías la piel y yo tu alma. Engañaste a mi apetito durante tres días y sus tres noches con tu aroma. Hasta que, moribundo y hambriento, como un perro callejero, me perdí de aquella cama para no saber nunca regresar.

Y hoy, estoy aquí. Sé que no me recordarás, nadie lo hará. Seguro moriré a tres o cuatro pasos de aquí sin que nadie llore.

Pero solo por ti, solo por ti yo lo haré, en esta servilleta sucia y amarga de café, sucia de mi.


Se consume un cigarro en el cenicero.
Se consume mi vida, en un cenicero.

sábado, 28 de agosto de 2010

Un par de payasos en un circo cruel.

Amanecíamos un Tú y un Yo.
Nunca un nosotros.
No me preguntes por qué, pero nuestras sábanas nunca amanecían abrazadas como en las habitaciones de los amantes normales. Siempre despertábamos al mismo tiempo, y siempre al mismo tiempo, sabíamos que estaríamos solos en este mundo.

Y a pesar de que sí follábamos -y lo hacíamos como auténticos animales- no había amor en aquella habitación, como en el resto de la casa. Follábamos como se hace en un hotel, como se hace un sábado a las 4 de la mañana cargados de heroína hasta las cejas.
Era sexo con pasión, mas nunca con amor.
Cada mañana desayunaba con el dolor pegado a los labios; el dolor de tener alguien tan cerca sabiendo que jamás llegará a amarte, y que tú jamás llegarás a amarle.
Me besabas en la frente como si realmente lo hicieras con ternura, y yo cerraba los ojos, como si pensase que la había.
Eramos un par de payasos en un circo triste, cruel, amargo y silencioso.


Y aún hoy, no me salen las lágrimas por estos ojitos secos.
Hoy solo puedo velar tu tumba, pero jamás sufriré.

Pues jamás te amé.

lunes, 26 de julio de 2010








Se miró al espejo una ultima vez.
La mirada de repulsión recorrió las curvas que hondeaban sobre su cuerpo cual calor sobre el asfalto.
Bajó despacito las escaleras, como si tuviese nubes bajo los pies.
En la cocina.
Pensó en hacerlo en su cuarto, pero al fin y al cabo, todo era culpa de su madre. Siempre con las mismas historias de que estás guapísima y de que tienes que terminarte el puto plato delante de mis narices.
Se quedó allí para que sufriera más al verla, como una alfombra de tigre que alguien utiliza de adorno. ¿No era tan preciosa?
Se lo merecía. Ella y su madre. Ella por gorda, su madre por mentirosa.

La sangre cubrió sus brazos al levantar las palmas para manchar lo máximo posible la estancia. También le goteaban las mejillas y, sobre todo, una manta roja comenzaba a deslizarse por debajo de su ombligo gordo, rechoncho y asqueroso.

Y un saco de huesos teñido de rojo se desplomó sobre el suelo. No hizo ruido alguno.
Como el árbol que cae y no hay nadie para escucharlo.

jueves, 15 de julio de 2010

Silvia.

Aunque sean fotos tan viejas... :)









Te he tenido 16 años. A mi lado, sin separar tus manos de las mías. Siempre unidas.


Hemos tenido tantos juegos, canciones, horas muertas, calles, margaritas, escondrijos, helados, caracoles, fiestas, risas, casetas, machas, esquinas y callejones. Amigos que han ido y venido, pero tú y siempre
estarás aquí dentro metidita, ocupando una cajita de cartón desgastado y garabateado de colores en mis recuerdos, porque sabes que te quiero como a pocas personas.

Y sé, con certeza, que eres la que siempre estará aquí, quizás no en persona, pero siempre has sido mi mejor amiga y sabes que siempre lo serás, por muchas personas que pasen por mi vida, tú serás única e inborrable.
Porque cuando imagino el final de mi vida, sea en el momento que sea; veo tu mano aferrada,
como siempre, a la mía.

TE QUIERO, TATA.




Mi mayor grano de azucar, eres tú.


sábado, 26 de junio de 2010

Os quiero nenes. Cuidaos mucho.




Desde que abrimos la primera puerta, hasta que cerramos la última, cambiamos, modificamos, absorbemos y aprendemos.

La primera vez que abrimos aquí una puerta, nos encontramos algo parecido a lo que habíamos cerrado atrás, y creo que jamás me pude llegar a imaginar todo lo que viviría hasta cerrar la próxima.
Pero hoy estamos aquí y hemos podido surcar todos los pasillos, hemos compartido seis horas diarias, cinco días semanales durante cuatro años, compañeros míos. Y estoy orgullosa, de cada uno de vosotros. Me habéis dado un cachito de mí que no conocía y espero haber hecho lo mismo, pues en eso se basa la adolescencia; en probar, e ir llenando el puzle de nosotros mismos, tratando de conocernos un poquito más.


No hemos estado solos, gracias a Dios. Hemos tenido junto a nosotros no solo profesores, sino también educadores. Hemos tenido personas que han llenado nuestras cantimploras de ética y de valores, cosas que no se aprenden en un libro, asignaturas que siempre estarán para septiembre, pues el día a día los constituye. Vosotros, educadores, habéis vertido en nosotros vuestro tiempo y esfuerzo, no solo por el sueldo como muchos piensan; hoy mostráis sonrisas por el trabajo bien hecho –porque somos un trabajo bien hecho-, por haber llegado a esta puerta sin que nos quedásemos atrás. Y os tenemos que dar las gracias: una por cada mañana de buenos días sonrientes, una por cada recuperación, una por cada apoyo, por cada consejo otra, por cada empujón, aliento, agua… Y es que, hoy día, sin vosotros, no seríamos nada. Seríamos tierra, polvo, humo, sombra, nada.

Este colegio da mucho más de lo que aparenta. Hay muchos edificios por el mundo, pero solo una Salle-La Estrella. Aquí, ajenos al exterior transcurren los días, y con ellos el cariño. Ya lo sentimos, pero aquí no se viene solo a estudiar. Aquí desde el más alto hasta el más bajo, se dan cariño mutuo, aquí se respeta, aquí se apoya y se aconseja. Y poco a poco, la familia se va haciendo más grande y nos damos cuenta de eso cuando vienen antiguos alumnos a recoger sus orlas. Por aquí pasamos todos, dejamos nuestra firma en la mesa y nos llevamos con nosotros esos ricitos de madera en el bolsillo para recordar siempre que hemos pertenecido a esto, que cerramos la puerta, pero guardamos la llave.

Que nos vamos, pero os llevamos con nosotros.






Un saludo a mi tutor, que sé que sigue mi blog.

Gracias por todo Alberto, sin vosotros, nada hubiese sido lo mismo.

domingo, 6 de junio de 2010

Rocío y sus mil maravillas.





Era igual que una niña con carácter.

Tenía un pelo precioso. Caían a sus hombros, desnudos tirabuzones de chocolate que se mezclaban con hilos de oro cuando el verano se acercaba.

Bajando, encontrába sus ojos claros como agua de mar tras la marejada.
Los ojos de Rocío te relajaban cuando necesitabas, aunque a veces, esos cachitos de mar se desbordaban y se convertían en nubes furiosas que traían tormentas con gotas de la mar salada.

Cuando se ruborizaba, aparecían pequitas sonrojadas en su naricita y pómulos de niña pequeña. Colmaban la redondez y dulzura de su naricita.

Más abajo, ya casi en el acantilado de su garganta, se abría una de las sonrisas más bonitas que jamás he llegado a ver. Tenía unas paletas redondeadas y todos los dientes de un blanco cual Colgate.
Sus labios... sus labios eran perfectos. El superior y el inferior estaban conpensados en forma y tamaño. Cuando se maquillaba, les solía dar algo de brillo transparente -ella siempre fue discreta- que les hacía resultar jugosos.
Pero a mí, me encantaba cuando se reía. A veces se le cortaba la repsiración, pero otras, hacía un ruido al coger aire que siempre incitaba a mis carcajadas. Se le coloreaban los mofletes y una mirada de caramelo colmaba su cuerpo.


Y a pesar de todo, esto no es lo más bello que tenía Rocío. Ela escondí lo mejor para el final, dejaba que te sorprendieses más, cuando la conocías. Suf roma de ser... poca gente la tiene; era la chica más amable, más dulce y men suave del mundo y sin embargo, guardaba firmeza, carácter y fuerza en su interior. Estoy segura de que si no la hubiese tenido, hoy no estaría golpeando teclas y diciendo lo muncho que me gustaban los detalles de Rocío: su gusto los estampados de flores, me hacía reír cuando se enfadaba y cuando me veía mal, no paraba hasta consolarme.

Y alguna vez, ví en ella una mirada felina.
Una sensualidad que debía de esconder en algún bolsillo escondido y que, en contadas ocasiones, dejaba escapar. Sus ojos claros brillaban con la oscuridad de la noche, el manto marrón chocolate se ondulaba en torno a una sonrisa pícara que no dejaba ver toda su dentadura, y entonces... yo ya no la conocía.




Y por todo esto, y mucho más, a pesar del tiempo y de la distancia que nos separa a veces: le quiero.

sábado, 29 de mayo de 2010

Me desperté feliz de verte a mi lado.

(En Imagen: el famoso hueco de su espalda)
=)


Hoy desperté feliz en mi cama, y me alegré de despertar en mi cama, y feliz.
Esta mañana sentí el movimiento de mis piernas libres y alguien me susurró que tenía unas bonitas piernas.
Mi sonrisa brillaba esta mañana, sí, pero no tanto.
No tanto como ahora mismo, y es que, lo que más me gusta en este mundo es hacer feliz a las personas que pueda, y sobre todo, hacerte feliz a ti. Me sonrojo cuando me lo agradecen, pero cuando lo haces tú, no tengo otra forma de callar tus alabanzas a besos, o a mordiscos, ¿por qué no? me gusta morderte a veces, y no tan a veces, de hecho, hay veces que me gusta morderte siempre, con frecuencia, ¿entiendes, verdad?

Pues eso, que cuando se me abrieron los ojos una luz azul iluminaba a gotitas de persiana la moqueta salmón de mi habitación, el edredón blanco y los muebles también, centellaban ante la ilusión de que el verano ya estaba aquí (aunque me gustase más la primavera e incluso el invierno), bueno, que ellos estaban que echaban chispas.

La noche anterior había dejado entreabierta la ventana para dormirme mecida por la dulce brisa que me cuenta historias que algún día vivió entre las callejuelas de este nuestro pueblo. Y hay veces que me duermo antes de que empiece tan si quiera, pero otras, me quedo en vilo la noche entera, oyéndola murmurar, susurrarme fantasías que ni mi extensa imaginación es capaz de abarcar, y cuando está a punto de desvelarme el final, mis párpados caen, atravesados por la feroz bala de Morfeo.

Y cuando despierto, vuelvo a tener hambre de ti.
Y como del hueco de tu espalda.



miércoles, 21 de abril de 2010

A mis Abuelos y al resto de los Ochentaypicos



[Link to YouTube:]


Ya solo susurraban al oído, solo murmuraban y nadie podía entenderles, pero a mí me gustaba pensar que se decían cosas bonitas y dulces, que se llamaban amor, que de letra en letra se enviaban besos chocolateados y arrugaditos, besos de siempre, de los que tenían guardados en la vieja caja de hojalata de los besos susurrados.

Pasado el tiempo daban igual las rosas o las ligas, a pesar de que ella seguía ciñéndoselas cada mañana a los muslos.

No se les había perdido el cariño, quizás sí la pasión, pero aún la miraba con esos ojos de niño, ya grises y viejos, aunque aún tenían el brillo claro y puro al mirar las finas arrugas de su Pepita.

La mirada de ella decía que a pesar de que no seguía poseyendo la fuerza en sus brazos, era su protector; su tejado en la tormenta, el amarre en la marejada.
La sobreprotección de las manos de Antonio sobre ella, aunque a veces le ahogaban ligeramente la libertad, otras veces eran una almohada en el suelo, su apoyo y cariño.
Si Antonio hubiese querido ir a la China en barca, ella hubiese estado dispuesta a remar todo el camino.

Un ligero y rápido beso colmó la mejilla de Pepa.

Mi sonrisa superó el brillo de la llama de la hoguera que adormilaba la habitación con su suave tono. Hacía mucho que no veía tal cercanía física.
Me día la vuelta y abandoné a la pareja en silencio.

Demasiada realidad para mis imposibles.

domingo, 14 de marzo de 2010

Su paso de vaselina.




¿Que qué me gusta de ella? Uff... todo supongo. Mucho me gustan sus ojitos al despertar. Me gustan sus pechos al contonear. Y ese aire loco que tiene cuando se agita el pelo antes de meterse a la cama. Pero algo que me deja anonadado son sus caderas al andar con esos tacones de infarto.¡Menuda es ella! Se mueve con esa gracia que solo ella posee.

La conocí en un bar, al que no me he atrevido a volver a entrar.

Ella y sus zapatos... cielo santo. ¿Sabes? Nunca te lo he contado, supongo que me da vergüenza y no me digas que no debería porque ya lo sé, pero un día me puse esos zapatos suyos. Los que me vuelen tarumba. Sí. Pues esos. No dí dos pasos con ellos puestos. ¿Cómo lo hace? El contoneo de sus caderas pasito a pasito. Cla-cla, cla-cla, cla-cla, cla-cla. Talón-punta, talón-punta. ¡No te creas que no me he fijado! Y más impresionante que su delicadez al moverse con tremendo andamio en los pies, el cuando sube las escaleras. Sí, sí. Creo que ella nunca se ha dado cuenta, que lo hace instintívamente. Pero cuando sube las escaleras, apoya la planta del pié, pero el tacón lo deja fuera, colgando. Es difícil de explicar. Aún así, me sigue dejando loco. Porque al subirlos de esa manera, es como si llevase un calzado plano, pero cuando llega al final de las escaleras vuelve a lucir ese paso vaselina con el que se desliza como una Diosa Griega por el pasillo. Que a todo esto, no he mencionado cuando se va quitando la blusa por el pasillo y que cuando llega al marco de la puerta, me mira. Me mira con una mirada felina.


Y yo me derrito.