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miércoles, 13 de febrero de 2013

No te conozco.

Comenzamos sin conocernos, 
y nos conocimos sin quererlo.
Quizás uno quería más que el otro,
aún así seguía siendo un reto.

Ahora algo más.
Algo que me embriaga por dentro
solo con un único pensamiento.

El querer o no querer,
las ganas o desganas quedaron en el ayer
pues no fuimos capaces de vencer.
Vencer al momento y las inoportunidades.

Y hoy he vuelto a sentir que no te conozco.
Que cuanto más indago en tu piel
más extraño te siento
y más lejano te recuerdo.

Y te conozco tan bien.
Mas cuando miro a tus ojos oscuros
 incapaz soy de reconocer
toda esa ternura que derrite mi ser.
Adivinar tus  pensamientos es todo un reto.


...y tus labios siempre tienen secretos.

lunes, 14 de enero de 2013

Cintas de seda




Ojala fuéramos cintas de seda mecidas por el viento, surcando lugares, parajes desconocidos.
Suaves, finas y ondulantes.

Mezclándonos con las hojas del otoño en su caída, entre ocre y caramelo otoño.
Mezclándonos con la fría nieve y siendo golpeadas por las lágrimas de la tormenta.
Mezclándonos con el polen que fecunda en el viento la primavera.
Sacudidas por la calurosa brisa, que calma, alienta, sofoca... verano.

Ser cintas de seda que se mueven sensualmente.
Serpientes de colores del devenir.




miércoles, 9 de enero de 2013





Eras un Callejero, un Callejero de la vida.
Pero qué quieres que te diga,
callejeaste estas caderas mías,
lamiste cada una de mis heridas.



viernes, 4 de enero de 2013

Shhh!


Canserbero , Querer querernos


Aquello fue inesperado, como dos chispas que se unen en una misma explosión.

El cuarto estaba desordenado, con mis bragas por el suelo. O quizás fuera el quinto.
Toda mi visión era borrosa, solo era capaz de sentir tu lengua subiéndome por el perfil de mi pierna eterna.
Tenía ganas de reventar por dentro de placer. Mi pelo se enredaba con el tuyo como si quisieran fusionarse también. Hacer fuego de nuestras chispas.
A golpes y galopes pasaban los segundos de tu cadera a la mía. Y cada vez que marcaba en punto, el gozo se hacía aire saliendo de mis pulmones.

Es raro lo que sentí cuando amanecí y no te vi ahí.
Claro, espejismos de Morfeo; momentos dulces entregados solo con los ojos cerrados.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Para soñar hay que empezar de cero.

Burning and burning.
Mi cabeza es un no parar de tormentas y lava; una marea inconstante que tanto calma como azota mi sien.

¿Que hará una principiante de la soledad en este prado de aire?
No creo que esto sea lo mío, pero al menos es mi decisión. Esto es el resultado de cábalas perpetuas, de salados remordimientos y de amor derretido que vagaba por las superficie de mis mejillas. Es lo que he elegido.

Piensa en dentro de treinta años. No quiero contarle a mis hijos la vida que soñé o imaginé, sino la que viví y disfruté. No quiero leer novelas de aventuras que me lleven a lugares exóticos donde todo es posible; quiero pisar lugares que me encanten con un solo vistazo y en donde todo lo que soñé pueda realizarlo al quererlo con el alma.

¿Que si me arrepiento? 
Todos los días.

¿Qué si pienso en él?
También.


Pero esta es mi vida, quiero saciarme de ella, tragarla a grandes bocanadas de humo blanco y expirar mi vida aún con el sabor de ella en la boca.


Ojalá que todo sea más dulce.

martes, 18 de diciembre de 2012

Y los árboles alegaban que no sabían nada, mientras acariciaban las nubes con las puntitas de los dedos.
Las flores negaban toda complicidad, abriendo sus ojos dorados sorprendidas.
Ni siquiera los pájaros, que todo lo ven cuando juegan a correr sobre el aire, sabían nada.

Y creo que mienten. ¿Puede ser que tuvieras tanta dulzura como para hacerles cómplices?

No quería un hasta luego, no me arrastraría tanto, con un adiós bastaba.

Ahora, que los árboles lloran marrón y ámbar, que las flores se diluyeron en el viento, junto con el canto de aquellos... quizá es porque te arrepentiste.
Quizás sea porque te olvidé.

martes, 20 de noviembre de 2012

Mi recuerdo

Las notas del piano marcaban los pasos de las agujas del reloj, que bailaba de suspiro en suspiro como una bailarina en toda su finura y suavidad.

Si acaso huelo un aliento nítido de la montaña, del romero de sus faldas, el recuerdo me quemará por dentro.
Si pudiera escuchar el canto divino de los pájaros que dibujaban manchas negras en el cielo azul... cuánto daría, señor, cuánto por volver a tocar piedras heladas en el caluroso verano.

Que la bailarina del tiempo se detenga, que el mundo calle; solo quiero oír mi propio mundo. Algo en mí ansía centrarse en la hermosura de ese momento fugaz, mientras todo lo demás se convierte en polvo. El ahora es simple espejismo de humo cuando me derrito en aquel recuerdo.